9 mar. 2009

Selección negativa de publicaciones en las bibliotecas

Aunque se habla mucho de ello, es un tema que evoluciona y se rodea constantemente de nuevos matices, por lo que siempre resulta interesante hablar de él. Voy a lanzarme con algunos puntos de vista personal en espera de nutrirme con los comentarios de colegas que estén dispuestos a participar en esta y las siguientes deliberaciones sobre el tópico mencionado.
Las bibliotecas son organismos vivos y dinámicos que están en contínuo crecimiento, lo cual es extensivo a las colecciones de materiales bibliográficos. Hay partes de las colecciones que van perdiendo actualidad y dejan de usarse, conforme el entorno y el progreso científico que se va reflejando en el trabajo editorial, lo docencia y la investigación. Entendemos por expurgo la operación técnica de evaluación crítica de la colección con miras a la retirada de los materiales que ya no responden a las necesidades de los usuarios.
El expurgo debe entenderse como una tarea más de la gestión de la colección que contribuye a mantener a ésta, en las mejores condiciones posibles. Lo anterior implica que toda biblioteca debe poseer una política de descarte y plan de expurgo que genere equilibrio en relación a la continua entrada de fondos en la colección, evitando que a la larga una cantidad importante de volúmenes de nulo o escaso uso entorpezcan el acceso directo a la información, además de ocupar un espacio casi siempre escaso en las bibliotecas.
Así el expurgo constituye una operación que la biblioteca periódicamente debe realizar para favorecer la accesibilidad e incluso la conservación de la colección. Podemos concluir que el expurgo es el precio que hay que pagar por la limitación espacial de las bibliotecas y por la insesante evolución del conocimiento humano; no obstante muchas bibliotecas han optado por el manejo de colecciones pasivas donde conservan gran parte de la información bibliográfica que por dejarse de utilizar no pierde interés. Por ahora voy a quedar aquí, luego vendré con información complementaria

3 comentarios:

patora dijo...

Si, pero ...
Si hay que mantener las colecciones actualizadas y deshacerse de lo viejo que nadie quiere y nadie usa.
Pero ... vivimos en un entorno en el que abundan las pequeñas tiradas de sólo algunos pocos miles de ejemplares (o peor, cientos de ejemplares pagados por el autor), un libro puede desaparecer rápidamente de la faz de la tierra. En el Encuentro Nacional de Bibliotecas Populares en 2007, un responsable del proyecto de digitalización de literatura puntana comentaba, que habían tenido noticia de una obra a través de una bibliografía especializada. Sin embargo el libro no aparecía por ningún lado. Finalmente lo encontraron en una biblioteca popular, forrado en papel araña. Si esa biblioteca hubiera hecho un expurgo académico, este librito hubiera desaparecido: el único ejemplar conocido de una obra literaria local.

En las bibliotecas de una reconocida universidad de nuestro país me la pasé buscando un ejemplar de una revista de bibliotecología de los años 70. Según un catalogo colectivo ya algo entrado en años, este numero se encontraba en tres bibliotecas. Sólo que una había descartado esa colección. otra no tenía noticia de qué había sucedido con ella y la tercera me dijo que posiblemente era parte de un envío numeroso que hicieron a un depósito central (famoso por sus inundaciones, ratas y hongos), ya que en aquella oportunidad no se tomó nota de lo que se llevaba.

Cuando los bibliotecarios detectamos algo así, comenzamos a exigir políticas públicas: bibliotecas nacionales, provinciales que coleccionen todo eso que es es muy viejo para ser apetecible al lector y aún no es antiguo para interesar al investigador. Políticas públicas que generalmente no se implementan y, cuando lo hacen, tienen vigencia sólo por el período de gobierno. Seguro que el próximo gobierno los eliminará quizás sin reemplazarlos por otra política que la ignorancia y la desidia.

JR dijo...

Bien Patora, tu comentario es muy acertado, y con ello me gustaría retomar el tema e invitar también a más colegas para que aporten sobre el tema. Mi punto de vista es que tanto pecado comenten quienes no hacen descarte y mantienen colecciones llenas de basura; como aquellos que hacen un mal descarte y eliminan obras que deben formar parte de la colección. El desafío consiste en mantener el equilibrio y hacer el trabajo de manera profesional y con calidad para evitar los problemas que tu señalas.
Cuando la labor de expurgo no está sustentada en una política bien clara y acorde con los visión, misión y objetivos de la biblioteca, los bibliotecólogos se exponen a fuertes críticas por parte de la comunidad de usuarios; no por ello vamos a abstenernos de hacer un trabajo que es necesario para el desarrollo de las colecciones y que a su vez contribuye con el logro de las metas y objetivos de las bibliotecas. El siguiente link muestra un ejemplo de las situaciones que se pueden presentar a la hora de hacer descarte. http://www.lavozdegalicia.es/vigo/2009/02/23/0003_7548177.htm
Partiendo de lo anterior queda claro que una buena política de expurgo o descarte disminuye las críticas de los inexpertos en el tema y coadyuva con los fines de la biblioteca.

Anónimo dijo...

Hola, muy interesante el articulo, felicitaciones desde Panama!

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